sábado, 15 de marzo de 2008


Los dioses habían condenado a Sísifo a subir sin cesar una roca hasta la cima de una montaña desde donde la piedra volvía a caer por su proprio peso. Habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza.
(...)

Cada uno de los granos de esta piedra, cada destello mineral de esta montaña llena de oscuridad, forman por sí solo un mundo. El peso mismo de la roca hacia la cumbre basta para llenar el corazón de un hombre.

A veces me siento como Sísifo, condenada a lo absurdo, y sinembargo él llegó a ser féliz, quizás algún día yo también le encuentre el sentido a mi mundo, o quizás aprenda a vivir con él.

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"No soy tan fuerte como la armadura que me protege, soy más como, la sonrisa forzada que invade el lamento de mi alma"