Hace poco pasé por una tienda un tanto peculiar. En la puerta tenía un cartel que decía “SE REGALAN RANAS ENCANTADAS”; yo, que soy una curiosa empedernida y ávida de conocimiento, me metí en la tienda y le pregunté a la dependienta, quien me llevó ante una especie de urna de cristal llena de esos bichejos. Yo no sabía muy bien cuál elegir, así, que siguiendo las indicaciones de la dependienta, que me aseguró que todas eran iguales, cogí una al azar.
Me fui a casa feliz con mi rana y el librito de instrucciones que la acompañaba, dispuesta a descubrir cuanto antes cómo funcionaba aquello…pero la cosa era un tanto complicada. La rana necesitaba muchos cuidados. Cada media hora exacta, tenía que cogerla, mirarle a esos ojitos saltones y deshacerme en cumplidos con ella…así durante una semana…total, que era para verme…cogiendo al bichejo cada media hora y diciéndole lo maravillosa, guapa y especial que era…un show! Al fin llegó el último día…yo ya había empezado a notar ciertos cambios en ella…pero aún no eran suficientes. Faltaban 2 fases más. La segunda semana tuve que dedicarme cada 15 minutos exactos, a darle mimos y caricias…ufffffffff qué cansado era despertarte de madrugada para darle besitos a la rana…pero en fin, yo estaba decidida a llegar al final del experimento. Al final de esa segunda semana, la rana ya tenía cada vez una apariencia más humana…se fiaba más de mí, e incluso a veces, me miraba con ojitos…pero aún faltaba la tercera fase, que era la de combinar las dos primeras fases, con paseos, veladas románticas, compras, cine, partidos de fútbol y cosas similares (todo perfectamente explicado en el folletito, por supuesto). Para el final de la tercera semana, la rana ya tenía completamente apariencia humana (muy atractiva todo hay que decirlo). Mi experimento había resultado!!!!! Hasta que un día, empezó a comportarse de manera extraña…empezó a comportarse de manera contraria a todo lo que yo había tenido que hacer en esas 3 fases…me decía, que yo no era especial, ni guapa…que no le gustaba cómo vestía…no me daba mimos y hasta empezó a hablarme de una ranita muy mona con la que había intimado en su charca y a la que echaba de menos…empezaron las malas palabras, los golpes bajos…los gritos y las mentiras.
Toda mi ilusión del principio se vino abajo…no me sentía bien…hasta que decidí poner en marcha el “plan B”…necesitaba que funcionara!!! Me revelé…le dije todo lo que llevaba dentro, que no podía tratarme así, porque quien es capaz de comportarse de esa manera no vale nada…le dije que no aguantaba más mentiras, ni gritos…que no iba a tolerar que hablara de esa otra ranita delante de mí, porque yo ya me había cansado…y sabéis qué??? Conforme yo me revelaba, lo que se había convertido en una persona, volvía a su origen…se iba haciendo cada vez más chiquitita hasta volver a ser lo que era al principio…una rana.
Me harté, la cogí y volví a la tienda para devolvérsela a la dependienta, quien nada más verme entrar, me sonrió y me dijo algo que ya me había dicho antes: todas son iguales. Yo la volví a meter en la caja de cristal y me largué de allí, decidida a no experimentar más…tanto sacrificio, para qué??? Total, mientras yo me pasaba las noches en vela, la rana sólo se dedicaba a dormir y crecer…y no me aportaba nada. Debí haberme dado cuenta antes, pero…bueno, tenía que saber si las ranas encantadas existen o no!!!! ;o)
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