
Se convirtió en costumbre
la necesidad de estar a solas
y buscar silencios.
Me siento en deuda conmigo mismo.
Ese momento en que un niño
elige tomar un camino y lo marca
con influencia de misiones,
pero el niño es eso, solo niño,
busca juegos, diversiones,
y va aprendiendo de aciertos
y de errores,
buscando en sus caminos.
Si busco el ayudar si el amor es la constante,
y he pensado tanto en mí
más que en los demás,
la vida y sus señales
no se hacen esperar,
quizás para lo que dejé escapar
ya es tarde.
En esta tarde de tormenta
en medio de cuatro puntos cardinales
formando un cruce en mi vida
al frente escucho gritos en el aire
¡ Ven por aquí, ve por allá !
y los reproches.
A mi espalda la campana de una iglesia repicando,
a la izquierda ese faro señalando una vez más
en mi costa
el deseo marinero
que la mar ya había probado
el deseo y la pasión de un joven, al otro lado,
y en el último, a la derecha,
el amor por los desesperados.
¿Qué debo hacer?
¿Dónde me he equivocado?
y escucho en el fondo de mi silencio,
¡ En cualquier sitio, como cualquier humano!
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